Fotografía: The New York Times
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Horas después de su toma de posesión, Trump ordenó al Departamento de Seguridad Nacional que revisara todos los programas de protección temporal.
El 2 de febrero de 2025 dio un golpe fuerte: puso fin al Estatus de Protección Temporal para Haití.
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La eliminación de este estatuto fue de manera casi inmediata, a partir del 3 de febrero se canceló el programa que había permitido que sus beneficiarios vivieran y trabajaran de forma legal en Estados Unidos.
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Springfield es una ciudad de 58.000 habitantes situada entre Dayton y Columbu, con una comunidad de más de 10.000 personas haitianas.
Aunque algunos son ciudadanos estadounidenses, la mayoría contaba con el TPS e intentaban pasar desapercibidos. Sabían que regresar a Haití era imposible, al menos a corto plazo, y que su condición, aunque no permanente, les permitía permanecer legalmente en Estados Unidos.
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La sociedad civil no se quedó de brazos cruzados ante la amenaza de deportaciones masivas, Iglesias y centros comunitarios organizaron servicios de oración, marchas y campañas de petición. Los voluntarios dirigieron simulacros de prácticas. Otros aceptaron actuar como tutores legales de niños cuyos padres haitianos temían ser detenidos.
Pero algunos hicieron algo más arriesgado: convirtieron discretamente dormitorios de invitados y sótanos amueblados en lugares de refugio.
Creando poco a poco una red de refugios. Personas comunes se organizaron para acoger a migrantes en domicilios particulares convirtiéndose en un frente de resistencia emergente e invisible.
En total, unas dos decenas de familias de migrantes encontraron refugio a través de la red, según Jean. Algunas otras familias haitianas lograron refugiarse en casa de amigos estadounidenses ajenos a la red.
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